miércoles, 19 de enero de 2011

Tenemos que cambiar una cultura orientada hacia un sistema sanitario centrado en la enfermedad.



«Tenemos que cambiar una cultura que durante muchos años se ha orientado hacia un sistema sanitario centrado en la enfermedad.» Dr. David Rakel

Para todos aquellos que intuyen que la medicina tradicional no engloba todo lo que constituye la salud y la enfermedad, esta entrevista será reveladora y esperanzadora. Cada vez es mayor el número de personas que acuden a terapias alternativas para enfermedades que no pueden ser curadas por la vía convencional. Esto es indicativo de las limitaciones de una medicina que ha salvado muchas vidas pero cada día está más arrinconada por sus propias y autoimpuestas barreras. El doctor David Rakel es uno de los principales promotores de la medicina integrativa, una medicina que parte de una base holística y que trata por igual aspectos hasta ahora desestimados por la medicina convencional. Así, la visión clásica de la salud que consideraba que toda persona es una combinación de rasgos físicos y espirituales sin separación entre mente y cuerpo, vuelve a ser impulsada por personas como David Rakel, para que finalmente sea incorporada a la medicina tradicional e impulse el progreso de una medicina que ha quedado blindada por una visión reduccionista de la realidad.
El doctor Rakel se dedicó a la medicina familiar de forma privada durante 5 años, antes de acogerse a una beca de investigación sobre medicina integrativa en la Universidad de Arizona. Es el fundador y director del programa de medicina integrativa de la Universidad de Wisconsin y trabaja actualmente dentro del NIH (Instituto Nacional de Salud de los EE.UU.) para incorporar la terapia alternativa y complementaria a los currículos de las carreras universitarias de medicina. Es además autor de uno de los libros de referencia más importantes publicados sobre medicina integrativa y es uno de los promotores más influyentes de una nueva medicina que responda mejor a la complejidad del cuerpo humano.

¿Qué es la medicina integral?

La medicina integral nació a principios de 1990 y surgió del interés general que existía aquí, en Estados Unidos, por la medicina alternativa. En esa época la gente estaba un tanto frustrada porque existía una visión bastante limitada de la salud: si una persona tenía un síntoma, se le proporcionaba un medicamento como única solución. Creo que la opinión pública empezó a darse cuenta de que la salud es mucho más que algo meramente físico. Es también algo emocional, algo espiritual, que además depende de contextos externos como las influencias de la comunidad en que se vive. Así, la expresión “medicina integral” surgió de la toma de conciencia de que era muy importante permitir que la ciencia y la realidad inmediata de cualquier tratamiento actúen juntas y se centren en la salud y en la curación. De modo que “integral” significa incorporar aquellos tratamientos que funcionan mejor para crear salud, ya sean alternativos o convencionales. Estamos intentando eliminar la influencia de las etiquetas y prejuicios y creo que el término “integral” va a evolucionar hacia algo que se centra en un sistema de curación, en una forma de alcanzar la salud desde un punto de vista complejo, por lo que va a progresar más hacia el estudio de la salud y la curación. Es emocionante estar ahí para ayudar a centrarnos en lo que es más importante dentro de las comunidades y en la salud de las comunidades en las que vivimos, de forma que necesitemos menos expertos en enfermedades crónicas.

Dada la importancia que la medicina integrativa presta a la interacción con el paciente, a escucharle y entenderle más allá de la enfermedad entendida como algo meramente físico, ¿cómo se enfoca la medicina integrativa con niños y especialmente con aquellos que no pueden comunicarse?
Para tratar a los niños, como se está tratando con la unidad familiar, a menudo la mayor parte de la comunicación se da con los padres pero también es genial trabajar con niños porque creen que su cuerpo se puede curar. Aún no les han hecho creer que no puede y tienen mucha confianza en el poder de autocuración. Es maravilloso trabajar con niños; por ejemplo, con ellos puedo utilizar mucho la orientación de la imaginación; si hago eso con un adulto, tardo alrededor de 15 minutos en que se relaje, pues los adultos desconfían y son muy analíticos, pero los niños todavía no han aprendido eso y entran fácilmente en el trabajo con la imaginación. La utilizamos para cuando mojan la cama y en muchas otras cosas que queremos experimentar y poner a prueba en su sistema inmunológico. Se consiguen cosas increíbles porque ellos todavía creen que su cuerpo puede curarse y, en efecto, puede. En estos casos, no sólo se trabaja con los niños, sino con toda la unidad familiar, con una comunidad. Es más interesante.

Parece que cada día hay más pruebas científicas sobre la estrecha interrelación entre cuerpo y mente pero, ¿qué hay de la relación entre mente, cuerpo y espíritu? ¿Hay pruebas?Es muy complicado aplicar un proceso científico cuantificable a algo que no es cuantificable ni físico. Una de las limitaciones en nuestro actual modelo de investigación es que necesitamos ampliar nuestra perspectiva, para que la investigación sea más pragmática, de manera que incluya los elementos no físicos, emocionales y espirituales, y que cuando lo hagamos nos centremos más en la calidad de vida. Hay un viejo chiste en el que dos médicos están en el hospital alrededor de la cama de su paciente muerto, felicitándose unos a otros sobre lo bien que habían controlado los electrolitos; pero el paciente estaba muerto.
Lo que realmente es importante en las vidas de las personas no es tanto lo que aparece en sus análisis de sangre u otros resultados, sino su calidad de vida o su nivel de felicidad, y eso no se puede estudiar sin relacionarlo con el factor espiritual. Creo que la medicina integral se está enfrentando al reto de cómo aplicar las viejas investigaciones reduccionistas que ayudaron en el estudio de un medicamento, sin perder de vista la misteriosa complejidad de los asuntos del ser humano. Así que ahora nuestra investigación está asumiendo responsabilidades y haciéndose estas preguntas: ¿mejora esto la calidad de vida de alguien?, ¿mejora las relaciones con los demás?, ¿reduce la necesidad de tomar medicamentos? Soy optimista y pienso que estas preguntas que nos estamos haciendo en este campo realmente nos van a ayudar a investigar en el futuro.

Esa respuesta me resulta muy interesante porque parece que algunas personas de la comunidad científica piensan que no hay otro enfoque, aparte del modelo reduccionista. De hecho se tiene miedo a salir de ese paradigma sobre todo en el campo de la medicina. Esto es algo parecido a lo que se ha planteado en el campo de la física y el cambio radical de paradigma a partir de Einstein y de la física subatómica. ¿Tal vez, está usted hablando de algo semejante?
Bastante parecido, sí. Así que vamos a empezar —y ésta es una de mis aficiones— a observar la física cuántica, que es realmente fascinante. Acabo de leer The Grand Design, de Stephen Hawking, que plantea muy bien la historia de cómo ha evolucionado la física. Al principio existía la física newtoniana, con un enfoque muy lineal y reduccionista. Creo que en la medicina estamos aún atascados en una especie de visión newtoniana de la medicina; hay una ley de causalidad que está bien, pero que es también limitada, así que podríamos decir: «Sí, ¿y...?». Estamos atascados en el «sí» y no queremos llegar al «¿y...?». Después llegó Einstein y desarrolló su teoría de la relatividad con la que cambió nuestra percepción de la realidad.
Si estoy sentado con un ser humano, necesito ver su mundo desde su punto de vista, no desde mi punto de vista científico. Cuando estoy desarrollando un enfoque orientado hacia la curación, necesito aprender a ver el mundo a través de los ojos del paciente. Todo este enfoque de curación está permitiendo que nos introduzcamos en la visión del mundo de Einstein de la relatividad y la percepción. El siguiente paso, que personalmente considero alucinante, es el paradigma en el que está ahora la física subatómica. Uno de sus pilares es que la realidad es una u otra según el observador. Trasladar esto al campo de la medicina podría conllevar que si puedo ver a mis pacientes potencialmente sanos y ellos también verse a sí mismos como tales, podría influir muy positivamente en su curación. Sin embargo, si les digo que tienen una enfermedad crónica, que su cuerpo tiene algo mal y que necesitan tomar estos medicamentos durante el resto de su vida, eso determina también su realidad.
Deberíamos cambiar la realidad de nuestros pacientes, infundiéndoles optimismo y la esperanza de que su cuerpo tiene posibilidades muy grandes de curarse a sí mismo; pero a menudo en medicina tratamos de curar diciendo al paciente que va a necesitar ciertos medicamentos por el resto de su vida, y de ese modo no damos al cuerpo la posibilidad de que se cure. La medicina sigue funcionando dentro del paradigma reduccionista newtoniano. Necesitamos llegar a una teoría M y entender de verdad cómo la ceremonia y el ritual que tienen lugar en el encuentro clínico pueden realmente aportar optimismo y esperanza a los mecanismos de autocuración de la naturaleza. Eso está realmente en la raíz de nuestro trabajo.

¿Cree que la enfermedad puede ser una oportunidad para cambiar pautas de nuestra vida en el sentido afectivo, conductual y espiritual y que este cambio de pautas puede restablecer nuestra salud?
¿Qué es la enfermedad o el síntoma sino un gran profesor? Y si eliminamos esa preparación con un medicamento, no aprendemos de ello. Una de las preguntas favoritas que formulo a mis pacientes es: ¿en qué parte de tu cuerpo notas estrés? Algunos señalan la cabeza, tienen dolores de cabeza; otros mencionan el cuello o a la espalda o el abdomen y ésa es una buena enseñanza de la que podemos aprender. ¿Qué pasa en mi vida para que tenga dolor de cabeza? ¿O qué está pasando si me empieza a doler el cuello? Una de mis citas favoritas es de William Boyd, un patólogo del siglo XIX. Dijo algo así como que «puede ser que la pena que no se expulsa con las lágrimas haga llorar a otros órganos del cuerpo». Podemos aprender de ahí ya que nos ayuda a entender lo que el cuerpo está intentando decirnos: qué tenemos que cambiar para ayudar a que no tenga que compadecerse.
En 2009, el medicamento que más se vendió en las farmacias de Estados Unidos fue el Hydrocodal, un fármaco para la supresión del dolor. Lo que estamos intentando hacer desde el tratamiento del dolor es utilizar un enfoque integral para ver cómo una emoción puede causar que ese músculo sufra espasmos y para saber cómo podríamos incorporar elementos como la acupuntura, la terapia manual y la conexión emocional y espiritual a la hora de tratar a la persona que padece un dolor no terminal en vez de simplemente tratar de eliminar ese dolor. Cómo podemos llegar a la raíz del dolor y hacer que aprendan de ese síntoma de forma que no necesiten ese fármaco para el resto de su vida. Así que el dolor es un muy buen ejemplo de cómo podemos utilizarlo para que el cuerpo comprenda lo que realmente necesita.

Realmente maravillosa esta entrevista de Odile Rodriguez de la Fuente con el Dr. David Rakel publicada en la edición de invierno 2010/2011 de la revista Agenda Viva. La entrevista completa puede ser vista en www.agendaviva.com